28 feb. 2008

Bajo tu frío abrigo

Mirando un cielo gris y esperando la tormenta que se cierne sobre mi, no puedo esperar a que la lluvia enmascare mis lágrimas y me cubra como un velo de vanalidad; pronto las dejo brotar, me inundan los ojos, me nublan la vista, la razón y el corazón, ya llega la rabia, la impotencia, el dolor; el dolor.

Cuanto he dejado esperar a que me llene esta sensación, cuando fui consciente de mi situación. No fui capaz de verlo?, tal vez me vendé los ojos, si, creo que así fué. Hoy creo que ya es tarde y pasan por mi cabeza actos llenos de dolor, consecuencias plagadas de sufrimientos, horrores a los que solo yo puedo dar fin, miedos de los cuales yo soy el peor.

Aquí, bajo los árboles que: impasivos aceptan la furia del viento, que esperan ansiosos que el torrente de agua les llene de vida, permanezco hundido en mi culpa. En la culpa que todos y cada uno aguanta, que sopesa y de la cual es el último responsable...

La lluvia comienza tímida, casi inapreciable, pronto toma la confianza para alzar su voz por toda la montaña y ahora llega su demoledora arrogancia, ya hacer bailar con su furia los árboles más robustos, ya comienza a tronar su voz, a deslumbrar a los que como yo, alzamos nuestra ira para que sea ahogada en un llanto animal, en un lamento que no podríamos soportar oír, en una desesperación cerca de la locura.

La calidez llega tras la euforia, me invade y me dejo llevar. Pero me abruma la frialdad de la lluvia, como me golpea y me roba el calor. Ya noto como la razón se escapa, y la vida se me pierde en un río rojo que se difumina en un sinfín de riachuelos alimentados por la lluvia. No te contaré nada más, ya me cansé de hablar... déjame oír la calma de mi soledad, déjame escuchar mi último latir, déjame oir tus pasos al llegar, déjame sentir tu abrazo más mortal.

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