21 sept. 2009

De mañana en mañana

Amanece. Otro día comienza lleno de horas por recorrer, cansado de dormir tenso los músculos y comienzo a hacer que mi cabeza funcione, reviso mi agenda mental, es lunes y los lunes son difíciles de planificar. Me giro entre las sábanas remoloneo un poco y ahí está. Su dulce rostro permanece tranquilo, relajado, hasta parece que una pequeña sonrisa se perfila en su cara. Sus pequeñas piernas buscan entre sueños el contacto con mi cuerpo, su subconsciente busca la seguridad de mi calor. Su tranquilidad me embaraza de emociones, el sigue durmiendo mientras yo pierdo mi tiempo y mi rostro delata una lágrima a punto de correr por mi mejilla. Todavía es temprano, las frías horas de la mañana me lo recuerdan así que puedo seguir perdiendo cinco minutos más, y los pierdo recreándome en sus finos contornos, en la suavidad de su piel, en la perfección de su ser y aquella lágrima brota, se desprende y guía a una segunda y a una tercera, la emoción es tan intensa que mi corazón se acelera, la felicidad no me cabe en el pecho mi mano le acaricia el pecho y de mis labios se desprende un beso sobre su frente. Ahora ya es hora de correr, aquellos minutos fueron segundos para mi.

Me voy, llego tarde, el sigue durmiendo, soñando, todavía no es hora de ir al colegio. Su madre se encarga de la tarea más dura, yo me llevo el premio de llevarme su olor, sus sueños, su tranquilidad y el día me parece menos lunes.