28 abr. 2009

Cuando hasta las piedras del riñón pesan.

Martes, día de olvidos, de pocas ganas y de horas largas. Cada martes es igual al anterior. La semana ya empezó ayer y todavía no te ha dado tiempo de asimilarlo, por delante quedan miércoles, jueves y el sufrido viernes santo (pues todos los viernes suelen serlo).

Te arrastras por debajo de tu propia sombra y buscas excusas para no afrontar el día, te refugias leyendo tu correo, paseándote por los blogs que sigues y viendo si alguien más aburrido que tú, ha escrito en tu facebook o twitter, y solo son las nueve de la mañana, vuelve el sopor, retorna el amargo regusto del café de esta mañana y cuando vas a realizar el tremendo esfuerzo de echarte a las trincheras, te das cuenta de que el lápiz no tiene la punta afilada y su sola visión te perturba hasta sacarte de tus esfuerzos de concentración en la iniciación laboral para dejar aflorar tu furia y arremeter el sacapuntas hasta el fondo de la cuestión y desmembrar casi hasta la mitad del pobre lápiz.

Ya te has relajado, ya no existen las excusas ni crees (solo por el principio de incertidumbre) que sea buena idea buscarlas, así que te acomodas en tu puesto de trabajo, respiras con profundidad y dejas que la calma te inunde, solo es un martes más piensas. Ya son las nueve y media, la hora happy ha llegado, el mejor momento del día, el almuerzo permite ese estado de dexconexión al que no hemos llegado ni siquiera a encender, por que no lo olvidemos, todavía es martes.

El café y la tostada ha desaparecido de tu plato pero no sin preguntarte que ha sido de ellos, también han desaparecido tus compañeros y te observas solo en una mesa de una cafetería ya solo habitada por el abuelete de turno que relee por tercera vez el diario. Así que cabizbajo te vuelves a dejar arrastrar por tus pies (esta vez, eso sí, con el estomago lleno) hasta tu triste lugar, donde ya sin remedio, te aprietas los grilletes, hundes los hombros y como un pobre burro atado a su yugo, comienzas la dura y ardua batalla contra el martes. Ya son las diez y media, y así seguirá siendo por un buen rato.

Solo puedes pedir prevalecer ante los ataque que la cordura mantiene día a día en esta insoportable celda de inhabilitación mental en la que te encuentras.

Mañana será miércoles, mitad de semana, una nueva esperanza nace en tu interior, Uf, las once menos veinte todavía, que largas tengo las venas...

11 abr. 2009

Y solo cuando la verdad llegó a ser dolorosa, abandoné todo cuanto conozco, fuy cobarde y huí lejos, donde creí que nadie me encontraría. Ignorante de mí, el mundo es tan pequeño que no se puede escapar uno y esconderse debajo de la cama.



Pensamientos de un niño de 4 años disertado por un padre calmado tras la tormenta.