11 abr. 2009

Y solo cuando la verdad llegó a ser dolorosa, abandoné todo cuanto conozco, fuy cobarde y huí lejos, donde creí que nadie me encontraría. Ignorante de mí, el mundo es tan pequeño que no se puede escapar uno y esconderse debajo de la cama.



Pensamientos de un niño de 4 años disertado por un padre calmado tras la tormenta.

1 comentario:

olguita manzanita dijo...

Pasan los años, y como niños, seguimos huyendo cuando la realidad nos supera.
Debajo de la cama es cerca, busqué pues otra cama, en otra ciudad, otras compañías que no me enfrentaran con el dolor. No sirvió de nada.
Desconocía entonces que no se puede huir de uno mismo.