12 mar. 2012

La puerta

... y como quien no lo busca, allí me encontré, solo, perdido, lejos de cualquier lugar. En aquel vasto erial yermo, donde ni el viento existía ni horizonte se dejaba siquiera intuir. Allí me encontraba tras la desesperación de haber hallado mi muerte. Ante mi, una puerta. Se erigía sólida, robusta, impoluta. Su sola imagen perturbaba todo escenario, toda aquella quietud infinita. El simple marco aguantaba dos goznes robustos, sin herrumbre, aguantando el portón tan negro como un abismo. Detrás de ella, nada, más erial. ¿Qué pasaría si la abriera?, su sola presencia, allí, era simplemente perturbadora, todo tipo de conjeturas, miedos y vacilaciones no ofrecian la más mínima respuesta a la irrefutable realidad de una puerta en medio de ninguna parte. Me acerqué, la sentí bajo las palmas de mis manos, la acaricié buscando algún relieve algúna talla o fisura, intenté mirar por debajo como lo haría un niño y no encontré ni una sola razón para pensar que detrás hubiera algo más que aquel árido lugar.

La sensación de impotencia comenzaba a hacer mella en mi integridad, aquella total quietud refrenaba el inexorable paso del tiempo hasta la parálisis eterna. La duda de la simple curiosidad atormentaba lo más profundo de mi. No podía apartar mi mirada de la puerta, de esa entrada a un posible todo y a un lógico nada. Seguí palpando su superficie, cálida, suave, casi podía sentirla ceder bajo la leve presión de mis manos y aún así el absurdo de algo incomprensible tras aquel marco superaba todo contacto de inmediato y mis desesperación cada vez se hacía más y más incontrolada.

Pronto me encontré dando vueltas alrededor de la misma, obsesionado, ido y fuera de mi, necesité concentrarme en la imagen de como había llegado hasta allí, de por que estaba en aquel lugar solo, en lo que parecía ser el fin del mundo, de un mundo muerto, muerto de toda vida. Fracasé, es más, un repentino frenesí se apoderó de la poca cordura que me quedaba, todo pareció disolverse, volverse vacío, vácuo, todo menos la maldita puerta.

Luego todo se vuelve distorsionado, me aboco entre carcajadas a aferrarme a la puerta y a empujar entre sollozos tan espontaneos como convulsos, el sudor llega frío, repentino y la conciencia queda reducida por el puro miedo, pero ya no respondo por mi, y solo sé que empujo la hoja, que lentamente gira, se abre silenciosamente sobre la llanura, mostrando el único fin para el que fue creada.

Las lágrimas se hacen incontenibles, la risa juguetea con la locura y mis manos, mis manos solo encuentran asidero en mi pelo. Es el inicio de mi tormento, estoy ante la puerta de mi locura, la que solo me abre el paso al infinito desierto que me rodea, afirmando la cruel verdad. Estoy solo aquí, solo en este infierno de inmensa soledad, solo en mi tan deseada y horrible soledad.

11 mar. 2012

Cobarde

Miro tu nombre entre nubes de alcohol.
Me envuelve tu aroma en la noche y su sopor,
mañana acariciaré el Sol, me quemaré en su brisa.
Mañana dormiré en la cuna de huellas de poemas. Dime si vendrás conmigo,
dime si te acercarás siquiera a mi y
si un beso te ofrezco durmiendo,
calla,
abrazame,
que no estoy soñando,
que estoy viendo que junto a ti,
te estoy amando.