22 may 2009

Te arranca del sueño la alarma de tu reloj, incómodo por el pronto despertar reaccionas ante la recompensa que te espera. Te deslizas en silencio entre tu saco de dormir y te acaricia el pelo la hojarasca de la encina. Lo más difícil ha pasado, has salido de tu vaina y comienzas a vestirte lentamente, recoges tu saco mientras se calienta el agua para disfrutar de un desayuno apacible.
Ya estás dispuesto, comienzas a andar y tus pasos son fuertes y vigorosos en lo que todavía no es ni la lozanía del día. Llevas veinte minutos andando y ya se acerca el momento, aceleras un poco el paso para llegar al lugar donde quieres contemplar el amanecer, otro más, ya no sabes cuantos van, no te importa, todos fueron distintos, todos tuvieron su aquel y en cierto modo, sin saber cuantos fueron de todos te acuerdas.
Ya llegas, ese pequeño saliente que ya conoces bien.
Hoy no te sientas, te desprendes de la mochila, respiras, las nubes se extienden como una alfombra bajo tus pies, te inunda la espera...

... y ahí está.

Es tu momento, solo tú y tus sensaciones, no importa si estás acompañado, en ese momento todos estamos solo con nosotros.

Te llena la luz y un casi imperceptible calor que te eriza la piel. Dos, tres casi cinco minutos y luego llega el desbordamiento, risas, llantos, rabias, cada vez fue distinto, cada vez un poquito de mi se quedo con ese Sol.

28 abr 2009

Cuando hasta las piedras del riñón pesan.

Martes, día de olvidos, de pocas ganas y de horas largas. Cada martes es igual al anterior. La semana ya empezó ayer y todavía no te ha dado tiempo de asimilarlo, por delante quedan miércoles, jueves y el sufrido viernes santo (pues todos los viernes suelen serlo).

Te arrastras por debajo de tu propia sombra y buscas excusas para no afrontar el día, te refugias leyendo tu correo, paseándote por los blogs que sigues y viendo si alguien más aburrido que tú, ha escrito en tu facebook o twitter, y solo son las nueve de la mañana, vuelve el sopor, retorna el amargo regusto del café de esta mañana y cuando vas a realizar el tremendo esfuerzo de echarte a las trincheras, te das cuenta de que el lápiz no tiene la punta afilada y su sola visión te perturba hasta sacarte de tus esfuerzos de concentración en la iniciación laboral para dejar aflorar tu furia y arremeter el sacapuntas hasta el fondo de la cuestión y desmembrar casi hasta la mitad del pobre lápiz.

Ya te has relajado, ya no existen las excusas ni crees (solo por el principio de incertidumbre) que sea buena idea buscarlas, así que te acomodas en tu puesto de trabajo, respiras con profundidad y dejas que la calma te inunde, solo es un martes más piensas. Ya son las nueve y media, la hora happy ha llegado, el mejor momento del día, el almuerzo permite ese estado de dexconexión al que no hemos llegado ni siquiera a encender, por que no lo olvidemos, todavía es martes.

El café y la tostada ha desaparecido de tu plato pero no sin preguntarte que ha sido de ellos, también han desaparecido tus compañeros y te observas solo en una mesa de una cafetería ya solo habitada por el abuelete de turno que relee por tercera vez el diario. Así que cabizbajo te vuelves a dejar arrastrar por tus pies (esta vez, eso sí, con el estomago lleno) hasta tu triste lugar, donde ya sin remedio, te aprietas los grilletes, hundes los hombros y como un pobre burro atado a su yugo, comienzas la dura y ardua batalla contra el martes. Ya son las diez y media, y así seguirá siendo por un buen rato.

Solo puedes pedir prevalecer ante los ataque que la cordura mantiene día a día en esta insoportable celda de inhabilitación mental en la que te encuentras.

Mañana será miércoles, mitad de semana, una nueva esperanza nace en tu interior, Uf, las once menos veinte todavía, que largas tengo las venas...

11 abr 2009

Y solo cuando la verdad llegó a ser dolorosa, abandoné todo cuanto conozco, fuy cobarde y huí lejos, donde creí que nadie me encontraría. Ignorante de mí, el mundo es tan pequeño que no se puede escapar uno y esconderse debajo de la cama.



Pensamientos de un niño de 4 años disertado por un padre calmado tras la tormenta.

20 ago 2008

Cartas perdidas - 11/04/1999 (04:00h)

Siento romperte lo sueños
que con mi mirada vacía te inunde el llanto.

A veces se nos olvida mirar la vida
por la ventana que tenemos delante,
a veces cerramos lo ojos a un
mundo cambiante.

Por que sentir la mirada caliente
es llenar el corazón
Ella da vida
Ella la simplifica.

A veces siento que el latir
se comparte al hablar

A veces lamento el pasar
de un día sin besar

Volar no es sentir
al oler tu piel

Volar es imaginar
ese esperado empezar.

19 ago 2008

Cartas Perdidas - 27/12/1999 (20:03h)

Una vida se enciende,
se arranca,se siente.
Llegué al mundo solo, perdido,
sin un rumbo en mi navegar.
Me guían estrellas, los vientos y
las olas.

En un mar de dudas vagué sin
cesar. Lloré bajo la lluvia e hice más
grande mi mar.

Rumbo Norte luego Sur, Oeste
y Este y nadie encontré a
nadie oí, con nadie dormí.

Miré oro el cielo y azul un
océano y un negro profundo en
mi pecho.

Rompí las cuerdas de las velas
tiré el lastre, quemé el timón
Navegaré sin una razón que
me niegue a tu corazón.
Bajo agujas de blancos rayos
reí sin poner resistencia.
Mi barco se perdió y un
peso enorme me ahogó.

Con las olas como cielo
y la oscuridad como principio el fin
me regaló
las burbujas de mi agonía
la figura de una chiquilla con forma de sirena.

En sus ojos claros, vi
la luz de un cielo abierto.

Ya era tarde para luchar.
Solo me dejé llevar.
Su mirada se perdió
sobre mi cuerpo
y la corriente
me meció en su regazo,
me abrazó y mis ojos cerró.

Hoy me encuentro en una playa,
hoy he vuelto a nacer.
Seguiré buscando hoy
un rumbo fijo.

Hoy buscando unos ojos
que encontraron,
que buscaron,
que perdieron mi razón.