11 ago. 2008

Hoy

Y cuando me encuentro en esas situaciones de incomprensión, es cuando veo la miserable vida que llevamos, todo cuanto nos rodea nos justifica una forma de vida del todo absurda, donde la satisfacción personal pasa a formar parte tras un sacrificio diario. Sabemos que da la felicidad, sabemos que es muy sencillo sentirnos realmente felices, y desgraciadamente nos escondemos ante tal verdad por miedo a sentirnos humanos. Nos encerramos en la imagen que defendemos a capa y espada para qué? nos importa una mierda el yo interior, y creemos que el enriquecimiento no es más que un que dirán.

Si cada uno se diera cuenta de que su vida es solo suya y que puede vivirla como el quiera, empezarían a cambiar cosas en este mundo. No somos nada más que depredadores al acecho de nuestros semejantes, luchamos en todas las cadenas y estatus para qué? para acabar llevando la vida que te han programado aquellos que les programaron las suyas y así sucesivamente. Creemos que nos encontramos llenos de libertad que nos inunda y no estamos más que sumidos en un mar que nos lleva entre las corrientes que elegimos.

Que soy yo más que una persona que ansía por encima de todo su verdad, que soy yo más que una simple persona normal que solo quiere vivir su vida como uno más. Que es lo que soy lo tengo claro, que puedo llegar a ser, en cambio, no. Hoy puedo ser una persona insignificante y mañana un dios, solo tengo que creer que lo soy. No me hace falta que me pongan etiquetas, esas que vamos repartiendo entre nosotros mismos.

Cada día que pasa me abruma mas la soledad de la muchedumbre. Cada día que pasa se me encoje más y más el corazón, cada día se me acaban las razones para vivir mi vida y es que se me acaban los argumentos para decir que la única salida que tenemos es la de saber vivir sin miedo a enfrentarnos a nosotros mismos, la de mirarnos ante un espejo y ver la realidad de lo que somos.

No me gusta este mundo, no me gusta el mundo que dejaré algún día a mis hijos, no me gusta tan siquiera como soy, y no me valen excusas de que soy como soy por que el mundo me ha hecho así. No me gusta este orden.

1 comentario:

olguita manzanita dijo...

Si hay consciencia del orden, hay posibilidad de reorden.

Hubo un momento en el que, sin saber cómo, de repente, sentí (más que comprendí) que no hay distancia entre el mundo y el yo. Todo es uno. Como esa etapa que dicen vivimos al principio de la vida, cuando no sabíamos dónde acababamos nosotros y dónde empezaba el mundo. Ahora, algunos lo llaman efecto mariposa, espiritulidad cuántica...
¿cómo lo llamo yo? ¡amor! Sí, sí... amarme a mí misma como al prójimo y no dejar que ninguna otra actitud se cuele en mis actos.


Es complicado, ya, pero a veces, me sale solo. Y ¡ay, amigo! entonces, la vida tiene sentido.