Y mis días pasan como si de minutos se trataran, las noches vacías de sueños parecen no ser soñadas, los días carentes de toda emoción, de todo sentido, de toda razón no llenan mi vacio.
Recuerdo correr entre los árboles desnudo al amanecer, recuerdo respirar las nubes sobre las montañas, recuerdo bañarme en el sol de la mañana, pero no recuerdo haberme sentido tan pequeño como hoy.
La apatía vence mis fuerzas, la desgana me fuerza a la sinrazón, el desasosiego lo tiene fácil y campa por cada nervio de mi cuerpo haciendolo suyo. He de despertar de este letargo o pronto no seré más que el rastro de una sombra. He de hacer acopio de voluntad y aspirar vitalidad, de inhalar el sudor de mi adversario en mi carrera y adelantarlo con el vigor arrebatado. He de volver a sentir mi sangre correr por mi cuerpo, de notar el pulso en mi sien, de notar cada latido en la punta de mis dedos. Solo si mantengo fija la vista adelante podré salir de este pozo de nostalgia.
Salta!
Corre!
Más rápido!
vigila, un tropiezo y puede que la caida sea peor.
Lunes, martes, jueves, miercoles, que más da que día sea hoy? Cuentame algo, todo esto tiene que servir para algo, no? Bienvenid@
17 may 2010
21 sept 2009
De mañana en mañana
Amanece. Otro día comienza lleno de horas por recorrer, cansado de dormir tenso los músculos y comienzo a hacer que mi cabeza funcione, reviso mi agenda mental, es lunes y los lunes son difíciles de planificar. Me giro entre las sábanas remoloneo un poco y ahí está. Su dulce rostro permanece tranquilo, relajado, hasta parece que una pequeña sonrisa se perfila en su cara. Sus pequeñas piernas buscan entre sueños el contacto con mi cuerpo, su subconsciente busca la seguridad de mi calor. Su tranquilidad me embaraza de emociones, el sigue durmiendo mientras yo pierdo mi tiempo y mi rostro delata una lágrima a punto de correr por mi mejilla. Todavía es temprano, las frías horas de la mañana me lo recuerdan así que puedo seguir perdiendo cinco minutos más, y los pierdo recreándome en sus finos contornos, en la suavidad de su piel, en la perfección de su ser y aquella lágrima brota, se desprende y guía a una segunda y a una tercera, la emoción es tan intensa que mi corazón se acelera, la felicidad no me cabe en el pecho mi mano le acaricia el pecho y de mis labios se desprende un beso sobre su frente. Ahora ya es hora de correr, aquellos minutos fueron segundos para mi.
Me voy, llego tarde, el sigue durmiendo, soñando, todavía no es hora de ir al colegio. Su madre se encarga de la tarea más dura, yo me llevo el premio de llevarme su olor, sus sueños, su tranquilidad y el día me parece menos lunes.
Me voy, llego tarde, el sigue durmiendo, soñando, todavía no es hora de ir al colegio. Su madre se encarga de la tarea más dura, yo me llevo el premio de llevarme su olor, sus sueños, su tranquilidad y el día me parece menos lunes.
22 may 2009
Te arranca del sueño la alarma de tu reloj, incómodo por el pronto despertar reaccionas ante la recompensa que te espera. Te deslizas en silencio entre tu saco de dormir y te acaricia el pelo la hojarasca de la encina. Lo más difícil ha pasado, has salido de tu vaina y comienzas a vestirte lentamente, recoges tu saco mientras se calienta el agua para disfrutar de un desayuno apacible.
Ya estás dispuesto, comienzas a andar y tus pasos son fuertes y vigorosos en lo que todavía no es ni la lozanía del día. Llevas veinte minutos andando y ya se acerca el momento, aceleras un poco el paso para llegar al lugar donde quieres contemplar el amanecer, otro más, ya no sabes cuantos van, no te importa, todos fueron distintos, todos tuvieron su aquel y en cierto modo, sin saber cuantos fueron de todos te acuerdas.
Ya llegas, ese pequeño saliente que ya conoces bien.
Hoy no te sientas, te desprendes de la mochila, respiras, las nubes se extienden como una alfombra bajo tus pies, te inunda la espera...
... y ahí está.
Es tu momento, solo tú y tus sensaciones, no importa si estás acompañado, en ese momento todos estamos solo con nosotros.
Te llena la luz y un casi imperceptible calor que te eriza la piel. Dos, tres casi cinco minutos y luego llega el desbordamiento, risas, llantos, rabias, cada vez fue distinto, cada vez un poquito de mi se quedo con ese Sol.
Ya estás dispuesto, comienzas a andar y tus pasos son fuertes y vigorosos en lo que todavía no es ni la lozanía del día. Llevas veinte minutos andando y ya se acerca el momento, aceleras un poco el paso para llegar al lugar donde quieres contemplar el amanecer, otro más, ya no sabes cuantos van, no te importa, todos fueron distintos, todos tuvieron su aquel y en cierto modo, sin saber cuantos fueron de todos te acuerdas.
Ya llegas, ese pequeño saliente que ya conoces bien.
Hoy no te sientas, te desprendes de la mochila, respiras, las nubes se extienden como una alfombra bajo tus pies, te inunda la espera...
... y ahí está.
Es tu momento, solo tú y tus sensaciones, no importa si estás acompañado, en ese momento todos estamos solo con nosotros.
Te llena la luz y un casi imperceptible calor que te eriza la piel. Dos, tres casi cinco minutos y luego llega el desbordamiento, risas, llantos, rabias, cada vez fue distinto, cada vez un poquito de mi se quedo con ese Sol.
28 abr 2009
Cuando hasta las piedras del riñón pesan.
Martes, día de olvidos, de pocas ganas y de horas largas. Cada martes es igual al anterior. La semana ya empezó ayer y todavía no te ha dado tiempo de asimilarlo, por delante quedan miércoles, jueves y el sufrido viernes santo (pues todos los viernes suelen serlo).
Te arrastras por debajo de tu propia sombra y buscas excusas para no afrontar el día, te refugias leyendo tu correo, paseándote por los blogs que sigues y viendo si alguien más aburrido que tú, ha escrito en tu facebook o twitter, y solo son las nueve de la mañana, vuelve el sopor, retorna el amargo regusto del café de esta mañana y cuando vas a realizar el tremendo esfuerzo de echarte a las trincheras, te das cuenta de que el lápiz no tiene la punta afilada y su sola visión te perturba hasta sacarte de tus esfuerzos de concentración en la iniciación laboral para dejar aflorar tu furia y arremeter el sacapuntas hasta el fondo de la cuestión y desmembrar casi hasta la mitad del pobre lápiz.
Ya te has relajado, ya no existen las excusas ni crees (solo por el principio de incertidumbre) que sea buena idea buscarlas, así que te acomodas en tu puesto de trabajo, respiras con profundidad y dejas que la calma te inunde, solo es un martes más piensas. Ya son las nueve y media, la hora happy ha llegado, el mejor momento del día, el almuerzo permite ese estado de dexconexión al que no hemos llegado ni siquiera a encender, por que no lo olvidemos, todavía es martes.
El café y la tostada ha desaparecido de tu plato pero no sin preguntarte que ha sido de ellos, también han desaparecido tus compañeros y te observas solo en una mesa de una cafetería ya solo habitada por el abuelete de turno que relee por tercera vez el diario. Así que cabizbajo te vuelves a dejar arrastrar por tus pies (esta vez, eso sí, con el estomago lleno) hasta tu triste lugar, donde ya sin remedio, te aprietas los grilletes, hundes los hombros y como un pobre burro atado a su yugo, comienzas la dura y ardua batalla contra el martes. Ya son las diez y media, y así seguirá siendo por un buen rato.
Solo puedes pedir prevalecer ante los ataque que la cordura mantiene día a día en esta insoportable celda de inhabilitación mental en la que te encuentras.
Mañana será miércoles, mitad de semana, una nueva esperanza nace en tu interior, Uf, las once menos veinte todavía, que largas tengo las venas...
Te arrastras por debajo de tu propia sombra y buscas excusas para no afrontar el día, te refugias leyendo tu correo, paseándote por los blogs que sigues y viendo si alguien más aburrido que tú, ha escrito en tu facebook o twitter, y solo son las nueve de la mañana, vuelve el sopor, retorna el amargo regusto del café de esta mañana y cuando vas a realizar el tremendo esfuerzo de echarte a las trincheras, te das cuenta de que el lápiz no tiene la punta afilada y su sola visión te perturba hasta sacarte de tus esfuerzos de concentración en la iniciación laboral para dejar aflorar tu furia y arremeter el sacapuntas hasta el fondo de la cuestión y desmembrar casi hasta la mitad del pobre lápiz.
Ya te has relajado, ya no existen las excusas ni crees (solo por el principio de incertidumbre) que sea buena idea buscarlas, así que te acomodas en tu puesto de trabajo, respiras con profundidad y dejas que la calma te inunde, solo es un martes más piensas. Ya son las nueve y media, la hora happy ha llegado, el mejor momento del día, el almuerzo permite ese estado de dexconexión al que no hemos llegado ni siquiera a encender, por que no lo olvidemos, todavía es martes.
El café y la tostada ha desaparecido de tu plato pero no sin preguntarte que ha sido de ellos, también han desaparecido tus compañeros y te observas solo en una mesa de una cafetería ya solo habitada por el abuelete de turno que relee por tercera vez el diario. Así que cabizbajo te vuelves a dejar arrastrar por tus pies (esta vez, eso sí, con el estomago lleno) hasta tu triste lugar, donde ya sin remedio, te aprietas los grilletes, hundes los hombros y como un pobre burro atado a su yugo, comienzas la dura y ardua batalla contra el martes. Ya son las diez y media, y así seguirá siendo por un buen rato.
Solo puedes pedir prevalecer ante los ataque que la cordura mantiene día a día en esta insoportable celda de inhabilitación mental en la que te encuentras.
Mañana será miércoles, mitad de semana, una nueva esperanza nace en tu interior, Uf, las once menos veinte todavía, que largas tengo las venas...
11 abr 2009
Y solo cuando la verdad llegó a ser dolorosa, abandoné todo cuanto conozco, fuy cobarde y huí lejos, donde creí que nadie me encontraría. Ignorante de mí, el mundo es tan pequeño que no se puede escapar uno y esconderse debajo de la cama.
Pensamientos de un niño de 4 años disertado por un padre calmado tras la tormenta.
Pensamientos de un niño de 4 años disertado por un padre calmado tras la tormenta.
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